Dos Tiempos

En el patio donde está la mata de mango, esa tarde, hablé con Corroncho -apodo de cariño desde que tengo uso de razón. No recuerdo cuál es su nombre, sólo sé que le decimos desde tiempos inmemoriales "¡Corroncho!"- y entre tanto divagar, al fin empezó a tratar un tema central, que se hiciera único, aunque fuere instantes.

Él comentaba como habían cambiado las cosas, y entre tanta melancolía, dijo "Antes un hombre era un caballero, un señor. Ahora son contados los que merezcan esa distinción". Lo cual es una irrefutable verdad.

Empecemos por el principio: todos decimos "sr. , sra., srta" por simple norma de cortesía, modales meramente. Son escazos los momentos en lo cuáles se tiene la oportunidad de llamar a una persona Sr, Sra.. que en verdad los merezcan, porque lo sean en todo el amplio sentido de la palabra. Ni hablar de "caballero" ni de "dama". Al contrario de lo que muchos pensarán, más allá de ser obsoleto, creo que son los tiempos, los cambios y actitudes de la actualidad, lo que nos han forzados a no usarlos con regularidad.

En caso igual, tanto hombres y mujeres han perdido eso que los hace ser merecedores de los términos mencionados previamente. En el caso de las mujeres, es impresionante ver cómo se han ido endureciendo, se han dejado marchitar, han dejado de ser femeninas - usar maquillaje y hacerse cirugía plástica no es ser femenina-.

La mujer debe ser femenina hasta en la forma de expresarse, digo, es mujer, no un animal ni hombre. ¿Cuántas veces no hemos volteado a ver a una mujer, simplemente por lo que sale de su boca? Tanto bien o mal (palabras sencillas y dulces, o vulgaridades ásperas) deben ser manejados por las mujeres, pero desapruebo totalmente que una mujer se exprese como fuente de sapos, culebras y  alacranes. Considero terrible que una mujer use por cada 3 palabras una grosería; vamos, todos las decimos, es entendible, pero cada cosa tiene tiempo y espacio.

En el caso de los hombres, ya la honestidad les vale, no tienen sentido de lo que la palabra es, de lo que ser un caballero implica: desde la vestimenta hasta lo que dice. Ser humilde no es excusa: he visto hombres trabajadores, de escazos recursos inclusive, ser más caballeros que un alto ejecutivo de empresa.

El caso es que, en dos tiempos veo como todo cambia, para bien o para mal-no lo sé- y lo que eso conlleva. En dos tiempos entendí que prefiero mil veces esa forma "vieja escuela" para halagar, para enamorar, que la falta de imaginación de ahora; prefiero la elegancia y sencillez de la mujer de antaño que la rudeza y el machismo que exudan las mujeres ahora.

Me declaro enamorada de los piropos, halagos e incluso-¿por qué no?- de los insultos de antaño, que eran hechos con inteligencia e imaginación.

Un buen insulto no es aquél que te ofende por la vulgaridad dicha en él, al contrario, un buen insulto se hace escogiendo con prudencia y certeza las palabras, sin llegar al vulgarismo. Lo mismo que un halago.

Todo es cuestión de escoger lo que se va decir, ordenarlo coherentemente y tener gracia para decirlo. Cuando hablen con alguien mayor, pregunten ¿cómo se conoció con el amor de su vida? ¿cómo se enamoraron? Cada respuesta les dará mil opciones, como una carta de colores, pero todas caerán en la gracia y sencillez que le falta a este tiempo.

Ojalá, muchos quisiéramos estar en dos tiempos...

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