Fragmentos de Lieth
En ese imponente risco verde se sentó a pensar, a llorar. Ya era repetitiva la situación, y todo por escuchar lo poco que le quedaba de ese músculo vendado, roto, amoratado por completo. Es que se exigía tanto en el ballet como en el amor -o esa sensación que le seguía insistiendo que era amor- Compás marcado, seguía buscando foco para las piruetas y giros. Cinco, seis, siete y un, dos, tres... Bella como un torbellino, giraba y giraba pero aún no daba su ser completamente. Su centro de gravedad está halándola hasta más no poder y ella se deja halar. “Pies cooperen conmigo” se decía una y otra vez, y cuando se a rabiaba, su frustración era tal que sólo decía “putos giros” perdiendo la fe, perdiendo su fuerza, su rayito de confianza, y, sin embargo, seguía intentando. Aunque esa no era la única batalla de Lieth; su corazón también le daba más de qué ocuparse. Bendito amor a distancia, que ahora la tenía en ese risco, con su alma como compañera, dándose consuelo, mirando el ma...