Dos Tiempos
En el patio donde está la mata de mango, esa tarde, hablé con Corroncho -apodo de cariño desde que tengo uso de razón. No recuerdo cuál es su nombre, sólo sé que le decimos desde tiempos inmemoriales "¡Corroncho!"- y entre tanto divagar, al fin empezó a tratar un tema central, que se hiciera único, aunque fuere instantes. Él comentaba como habían cambiado las cosas, y entre tanta melancolía, dijo "Antes un hombre era un caballero, un señor. Ahora son contados los que merezcan esa distinción". Lo cual es una irrefutable verdad. Empecemos por el principio: todos decimos "sr. , sra., srta" por simple norma de cortesía, modales meramente. Son escazos los momentos en lo cuáles se tiene la oportunidad de llamar a una persona Sr, Sra.. que en verdad los merezcan, porque lo sean en todo el amplio sentido de la palabra. Ni hablar de "caballero" ni de "dama". Al contrario de lo que muchos pensarán, más allá de ser obsoleto, creo que son los ti...