No es mío.
Ese odio que crees que tengo por ti, no es mío.
Ese desprecio que crees que tengo hacia ti, no es mío.
Nunca podría despreciar lo que he amado.
Nunca podría tener odio hacia ti,
aunque me hayas dolido en mis profundidades.
Mías fueron las risas, los camelos.
Mío fue el deseo de tenerte conmigo
Mío fue el dolor de tu partida.
Luego de un tiempo, veo
que mi corazón, aún luego de estar roto
en miles de pedacitos,
es mío, en su inmensidad.
Lástima que cuando te lo entregué y prometiste cuidarlo,
al salir a jugar con el barco,
se te olvidó que era frágil
y se rompió por tu descuido.
Ni las caricas en mi espalda, ni tus miradas las tuve.
Al final, no fuiste mío.
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