El Caraqueño

Antes de que leas este post, quiero resaltar que adoro mucho (hasta la médula) mi ciudad: Santiago de León de Caracas. O sencillamente: Caracas.

Todos escuchamos (leemos, en su defecto) frases como las siguientes:

“Se habla caraqueño” “Se habla guaro” “Se habla cachaco” entre muchas otras. Regionalismo puro para algunos, fanatismo estúpido para otros, y sentimiento nulo para algunos cuantos.

Esta semana fui a un café, a encontrarme con un amigo (venezolano, de otra región) llamado Juan Antonio, y entre risas y cafés me decía “Es que ustedes los caraqueños hablan extraño, son muy ‘por favor’ y ‘gracias’ cada tres palabras, y saben merodear para decir lo que en realidad quieren decir. Tú a veces me confundes, porque adoptas acentos con facilidad única, pero cuando andas en confianza… Se te sale ‘El Corazón de León’ ”. Yo me limité a sonreírle, tomar café y ser cómplice de su veredicto.

Sí, soy caraqueña orgullosa de mi caótico enredo de magia y estacionamiento que tengo por ciudad, y mi amigo tiene razón: no sé si decir “gracias globalización” cuando se mezclan los acentos o lamentarme por ello; yo esa tarde no iba a entrar en debates con Juan Antonio sobre modismos, fonética y fonología. Preferí reír con él ante su afirmación vespertina y seguir con el café.

Mi debate interno de ese momento lo traigo hoy para ti, para que te entretengas en tu momento escogido.

Al grano: ¿Ves cómo merodeé para poder llevarte a mi punto? Eso es algo característico de los caraqueños; la diferencia aquí es que evité el uso del por favor y gracias como muletillas. Los caraqueños hablamos raro pero sabroso, con aire de triunfo mezclado con aroma de amistad y cordialidad se pudiera decir. Muy distinto a la elegancia y sencillez que se respiraba en la antigua sucursal del cielo, en épocas anteriores. Bien lo dijo un personaje años atrás “la elegancia y la sencillez del caraqueño al vestir y al hablar es única”


Todos sabemos que los tiempos cambian, que todo evoluciona (O involuciona [¿?]). El sencillo acto de pedir/comprar café, pan, o cualquier ritual diario que quieran usar como ejemplo, siempre va con un disculpe, por favor y gracias atado a su oración como si fuere una ceremonia. Un chico pidiendo información sobre la conferencia de traducción de la UCV, sería algo como:

“Buenas tardes srta. Disculpe, pero vengo a que por favor me informe sobre la conferencia que dictarán aquí sobre traducciones.. sí, es que tengo dudas sobre las fechas” -no ha terminado la persona de comunicarle que debe esperar unos minutos cuando sale de su boca un “Gracias, muy amable. No se preocupe, yo espero. Gracias” desbordado, como incontenible.



Todo este se ve muy educado e impecable, y forma parte del día a día, de la idiosincrasia del caraqueño, aquel que (cuando quiere y si la situación lo requiere) es educado. Porque como todo, hay excepciones a la regla.


También están los que se disculpan constantemente, aquellos que tienen el “disculpe” o el “perdone” estampado en los labios, como esperando una mísera abertura para escapar de las garras de carcelero. Basta que un tropiezo entre dos individuos se suscite para que ambos se disculpen (el que tuvo la culpa y el inocente) por igual. ¿Quién no ha oído el “¡ay! Chamito discúlpame esa” o “Discúlpeme señora”, cuando son los nombrados los que causan el revuelo?


Sin embargo, entre todo esto, es sencillo reconocernos en cualquier rincón del país gracias al uso de la muletilla “¿sabes?”. Sí, eso es de uso común, pero pídele a un citadino de Caracas (jóvenes, para que resulte) que te explique su jornada.. o escucha con atención una conversación.. Iría más o menos así:


“Maga, es que, no entiendo, ¿sabes? O sea, ella dijo que vendría ¿sabes? Pero no aparece. Será que está con Marcos. Chica, el chamo alto ¿sabes?, que hace fútbol, que le va al Caracas Fútbol Club, ¿sabes?.... Lo llamaré a ver si está con él.” Está demás decir que suena atroz, atorrante, suena a tropello vil al tímpano, pero pasa cada minuto. Forma parte de esa dejadez única que se tiene al hablar.


Es un atropello constante, perenne, casi cíclico. Adicionalmente, se les unen los que usan lenguaje vulgar, soez, y para colmo “eezCKRiven azhii” sólo para denotar que tienen estatus, sin notar que, en realidad, sale a flote su lado más simplón, idiota y bajo. No quiero caer en procedencias de las personas que se expresan así, porque sería algo estúpido de mi parte (ya que eso pasa en ambos lados de la balanza). El punto aquí es ¿cómo es posible que el caraqueño haya perdido en parte su elegancia y sencillez al hablar?


Lo bueno es que hay personas que piensan que “escribir bien es sexy”, o simplemente son tan amantes de la gramática y ortografía como tú, como yo.


En el caso de los caraqueños, preferimos “avasallar” (¿?) con los buenos modales, respetando el derecho de cada cual de hablar como le plazca. Somos muchos los que hacemos la diferencia, y preferimos que nos digan “es que el caraqueño es educado” a que se lleven una imagen errónea del citadino mayo, porque para algunos “Caracas es Caracas y lo demás es monte y culebras”. Pecamos de sifrinos, vacios, y parecemos turistas extranjeros cuando hacemos turismo interno.


Lo bueno de todo esto, es que justamente todos estos rasgos nos hacen únicos. Son rasgos que se entremezclan para dar paso a lo místico, superficial, profundo, a lo real que hacen que el caraqueño sea como es. Para nosotros, eso son simples “gajes del oficio”.



Comentarios

  1. Jajaja realmente es asi, muy bueno tu post. La verdad, expresas como somos los caraqueños día a día a la hora de hablar.

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  2. Interesante, y me atrevo a decir que se extiende también a la periferia (Altos Mirandinos, Guarenas - Guatire, Valles del Tuy, La Guaira) aunque nosotros los de las afueras le vamos agregando más detalles que nos distinguen. Sin embargo, de verdad creo que es lamentable ver que el lenguaje soez y vulgar le va ganando terreno a la elegancia y la sencillez en estos últimos tiempos.

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    1. si así es yo soy de guatire y hablamos casi igual a los caraqueños

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  3. Disculpeme pero para muchos de la provincia solo hay dos tipos de caraqueños: el sifrino y el malandro. En cuanto a que "parecemos turistas extranjeros cuando hacemos turismo interno", toda la razòn. De ahì la tomadera de pelo para el Caraqueño: " Aigh!!, en Coaraca noes asiiii !!!

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